Salvemos a las focas

Relato de terror libre por monosabio

En un supermercado del barrio de Manoteras de Madrid, Bea, una cliente habitual saludaba a la cajera: Hola Conchi, como lo llevas.

Aquí seguimos mujer, la Primitiva se me resiste, ¿ y tú?.

Chica, estoy de los nervios, como ves el endocrino me ha puesto a dieta y me ha quitado los analgésicos usease las chocos.

Sedantes a mí, si la ballenota currara aquí vería lo que es un régimen estanilista, pensó Conchi mientras esbozaba una mueca de falsa resignación y siguió cotorreando: ánimo mujer, ya verás como dentro de poco te echas un Bra Pit.

Salía Bea al trote medio sulfurada por la ironía, cuando le pareció captar una mirada insinuante de un tipo trajeado que conversaba por teléfono situado en la acera contigua. En un pestañear había calculado su edad, estatura, peso y estatus, catalogándolo como macho ibérico de pelo en pecho a la caza con la escopeta en ristre, por lo que aprovechó para desfilar calle abajo contoneando su ceñido pandero. Escaneaba los retrovisores y escaparates en busca del reflejo de sus movimientos, mira no mira, mira...luego sigo siendo apetecible.

El extraño esperó a que desapareciera en la esquina para avanzar apresuradamente tras sus pasos pero al doblar no la vio, diciendo por teléfono con un tono seco del Este, todo marcha sobre ruedas será cuestión de un par de semanas, archívelo en la P.

Una vez en su casa, Bea preparó un almuerzo vegetariano:

Anda mamá, esto es lo saludable, he preparado una ensalada y un puré de patatas, que a tu edad hay que cuidarse.

La madre se quejó: hija, si me voy a morir igual, mis 70 años no tienen remedio, ¿no has traído ninguna latita de magro?.

De ninguna manera mamá, si los ratones a régimen viven el doble no vas a ser tú menos.

A la mañana siguiente nada más levantarse, Bea enlegañada voló hasta la báscula, para quedar perpleja al ver la aguja detenerse, esto no puede ser, se ha roto, no puedo haber perdido cuatro kilos en un día. Se refrescó con agua fría pues se notaba calurosa aunque no enfermiza, y volvió a pesarse con el mismo resultado. Luego corrió a su habitación a vestirse para comprobar fascinada que los pantalones en los que antes entraba a regañadientes no la estrujaban, había perdido una talla de golpe.

Luego se extrañó de no ver a su madre levantada, y entró en su cuarto preocupada preguntando: ¿ te encuentras bien mama?.

Ay hija que mala noche he pasado. Un sofoco, unos sudores...

Ay mamita que te veo pálida, te llevaré a urgencias ahora mismo.

No, ni hablar, llama al médico de cabecera que tampoco me pienso morir todavía.

Acudió el Doctor y habiéndola reconocido diagnosticó:

Los síntomas apuntan a una intoxicación alimenticia, nada grave, aquí tiene la receta. Una píldora cada 8 horas. ¿ Qué comieron ayer? .

Llevamos una dieta equilibrada, los Lunes, Miércoles y Viernes sólo hierba y lácteos, es decir: lechuga, tomate, queso, patatas, cebolla, además yo comí lo mismo y me encuentro como una rosa.

De todas formas las personas mayores son más delicadas, racione el queso y lave muy bien los vegetales.

Gracias Doctor, muy amable, hasta la vista.

Chao, ah, almuerce un caldo y un pescadito.

Después de haber incorporado a su madre en el sofá con el mando, volvió al supermercado donde se abasteció de más de lo mismo, ansiosa de que la causa de su metamorfosis se hallará en esos víveres. Al entrar a su portal, pudo observar al desconocido con el que había cruzado miradas el día anterior comprando un boleto en el kiosco de la Once de enfrente. Al notar que él se había percatado de que ella lo reconocía, le brindó una invitadora sonrisa y el extraño la devolvió pero matizada con una curiosa incredulidad.

Al volver preparó a su madre un caldito de pollo y un pescado a la plancha, pero ella repitió en almuerzo y cena exactamente la receta mágica del día anterior, y luego se acostó dos horas antes de lo habitual impaciente de confirmar su intuición.

Rinnngggggg, sonó el despertador una hora antes de lo habitual como si fuera un toque de diana, mientras Bea se apresuraba para pasar revista en su báscula; 68, sí sí sí sí, fuera kilos sin bisturí ¡sí¡. El delirio febril de alcanzar su imagen platónica la hacía botar como hace tres días no podía hacer.

Rinnngggggg, tercer día, 64 kilos casi perfecta.

Rinnngggggg, cuarto día, 60 kilos, sexy boom, material girl, irresistible, danzaba a toda tralla el espejo que antes la vejaba, mientras se subía por las paredes en una desenfrenada aceleración abrasiva. Mamita, gritaba, pero al ver que no respondía entró correteando al cuarto de su madre, para encontrarse con un chasis cadavérico cubierto por pellejo. Su químico ser enzimático se congeló hasta que aceptó la realidad y marcó el número de emergencias:

Creo que mi madre está muerta; no se preocupe enseguida la atenderemos....

Qué rapidez, en diez minutos, para que luego digan, por aquí.

P 0, dijo uno de ellos por su radio.

¿Qué significa P0?, oiga, usted no es .....

Sí, nos conocemos de vista en el supermercado y el kiosco. Pero déjeme explicarla Bea, usted se ha ganado el cielo a pulso, es una de las grandes bienhechoras de la humanidad.

¿Estás chalao?.

¿Usted sabe el dinero que cuesta producir un nuevo medicamento?. En nuestro chiflado mundo se puede lanzar una bomba atómica, pero no se pueden sacrificar unas míseras vidas para salvar a millones. Fue tan sencillo como inocular el fármaco experimental en sus patatas (portes a domicilio) e intervenir su línea.

Mal nacidos.....

Lo de su madre ha sido un lamentable percance colateral, a usted la dejaremos ir cuando finalicemos su análisis en nuestros laboratorios, aunque no recordará nada, por lo que será tomada por demente cuando la descubran encerrada con su madre fallecida hace una semana.

No té engañes jodio hipócrita, sois unos hijos de la gran puta.

Se la vi.

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